Lo que nadie te ha dicho acerca de contar historias

asombro y storytelling

A finales del año pasado, unos amigos me recomendaron, en varias ocasiones, leer Claus y Lucas, una novela de la escritora húngara Agota Kristof. Ante su insistencia, la apretujé entre mis últimas lecturas del año pasado y la terminé de leer a inicios de este.

Como animal lector, leo mucha literatura. A veces me siento culpable por no estar haciendo algo más, digamos, “productivo” pero, en vez de darme palo con eso, decido enfocarme en lo que le aportan esas lecturas a mi trabajo con storytelling, y cómo me pueden ayudar a mejorar la escritura.  También creo que los novelistas son los que más saben sobre cómo contar historias, y es a ellos a quienes les debemos prestar la mayor atención, si queremos aprender a contar historias de manera efectiva.

Pero Mejor vayamos al punto que quiero tratar, ¿estás listo?

Mucho se habla sobre storytelling en estos días y varias personas de las que trabajamos en ese campo, se centran en la importancia de definir qué es una historia y cuáles son sus componentes principales. Se menciona bastante las estructuras: Los tres actos, el viaje del héroe, la pirámide de Freytag, y también otros aspectos como conflicto, trama, punto de vista, personaje, entre otros.

Esos aspectos, no lo puedo negar, son importantes para contar una buena historia, pero poco se habla sobre el acto de contar, ese telling que acompaña al story, es decir, narrar lo que se tiene enfrente de las narices o lo que el personaje ve o hace.

Eso fue algo que me pareció fascinante en la novela de Kristof, pues el narrador cuenta, cuenta y cuenta, adornando el relato con pocas figuras narrativas, algo que parece fácil pero no lo es. Como dice Juan José Millás, mi escritor favorito: “Decir lo que se dice exige una precisión de microcirugía casi imposible de lograr, pues donde menos lo esperas salta la metáfora.”

Las siguientes son frases, en boca de los personajes protagonistas, que resumen muy bien el estilo de escritura de la autora:

Para decidir si algo está «bien» o «mal» tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos. Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». Pero sí está permitido escribir: «la gente llama a la abuela “la Bruja».

Claus y Lucas, Agota Kristof.

Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.

Claus y Lucas, Agota Kristof.

Y es que el acto de contar, plano, sin muchos adornos, contiene algo valiosísimo: nos permite tomar distancia de las opiniones personales y evita un uso exagerado de figuras narrativas, componentes importantes de una historia, pero que, utilizados en exceso, cansan al lector.

Está prohibido escribir: «el pueblo es bonito», porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas.

Claus y Lucas, Agota Kristof.

Escribiremos: «comemos muchas nueces», y no: «nos gustan las nueces», porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad.

Claus y Lucas, Agota Kristof.

Así que cuando tengas dudas sobre cómo contar o construir una historia, mi consejo es que, como primer paso, hagas lo que dice Kristof; cuenta lo que es sin muchas florituras: eso que ves, oyes o haces, y sin preocuparte mucho por la estructura.  Lo importante es llenar esa hoja en blanco que tienes enfrente.

Luego, cuando tengas listo el primer borrador, revisa que hayas utilizado un lenguaje claro y sin palabras rebuscadas.  Kristof, por ejemplo, escribió su obra en francés, una lengua que no era la suya y entonces el lenguaje que utiliza es casi de niño, sencillo, pero a la vez muy preciso.

Revisa también las transiciones de párrafo a párrafo, para mirar que el texto fluya bien y tenga el ritmo adecuado, para así evitar baches en la narración.

Mira los párrafos, diálogos y frases de tu escrito como si fueran piezas de un rompecabezas, es decir si, en algún momento, un segmento de lo que has escrito no te convence, prueba a ubicarlo en otro lugar del texto, hasta que sientas que todas las piezas se acoplan de forma adecuada.  

Me gustaría saber qué piensas al respecto.  Te espero en los comentarios.