SOMOS PURA FICCIÓN

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Sabemos que las historias permean todas nuestras actividades y ayudan a relacionarnos con otras personas, a comprender el mundo, nos enseñan; incluso cuando nos vamos a dormir nuestro cerebro las sigue contando en forma de sueños, en fin, es difícil concebir nuestro diario vivir y el ser funcionales sin ellas.

Eso hace que las compartamos a cada momento, pero ¿hasta qué punto lo que contamos es real?

¿Qué historias contamos?

En SU libro Impacto Narrativo la psicóloga Melanie Green, experta en narrativas, cuenta que existen los siguientes tipos de historias:

Oficiales: Creadas por grupos organizados, como las que cuentan las religiones, por ejemplo.
De primera mano: Aquellos recuentos de experiencias propias.
De segunda mano: Es el recuento de historias que nos han contado otras personas.

Varias veces, Cuando vamos a contar una historia, acudimos a nuestras experiencias mentales, nuestro banco de recuerdos. Buscamos en nuestra cabeza qué historia de nuestro repertorio aplica para la situación que experimentamos: resolver un problema, dar un consejo, entretener, etc.

Entonces contamos lo que nos ocurrió, sin saber que eso que narramos es solo lo que creemos que pasó, porque apenas intentamos revivir un recuerdo, nunca vamos a ser capaces de contar exactamente lo que pasó:

Es imposible contar una cosa exactamente tal como ocurrió, porque lo que uno dice nunca puede ser exacto, siempre se deja algo, hay muchas partes, aspectos, contracorrientes, matices; demasiados detalles que podrían significar esto o aquello, demasiadas formas que no pueden ser totalmente descritas, demasiados aromas y
sabores en el aire o en la lengua, demasiados colores.
– El cuento de la criada –

Si nos fijamos bien cada vez que contamos una historia parece que se va desgastando y, de pronto, esos parches que les agregamos funcionan para darle la coherencia que necesita para captar la atención de la audiencia.

Nada existe

En su libro The Storytelling Animal el académico Jonathan Gotschall, que estudia la intersección entre ciencia y arte, cuenta que el pasado en realidad no existe, sino que es una fantasía creada por nuestra mente. Gotschall explica que el pasado es una simulación mental, ya que nuestros recuerdos no son recuentos precisos de lo que nos ocurrió, sino reconstrucciones de eso que pasó, y que no podemos confiar plenamente en muchos de los detalles que recordamos.

También dice que los recuerdos de nuestros sentidos se almacenan en diferentes partes del cerebro, y que cuando intentamos recordar algo, seleccionamos pequeños pedazos de información de diferentes lugares, que luego son enviados a la parte encargada de crear historias. Esta última pega y une los fragmentos que recibe, para dar forma a un relato con sentido de lo que podría haber ocurrido, al mismo tiempo que se da ciertas licencias poéticas.

“Nos contamos algunas de las mejores historias a nosotros mismos. Los científicos han descubierto que los recuerdos que utilizamos para conformar nuestras historias de vida, han sido convertidos en ficción audazmente”
—Jonathan Gotschall—

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WE ARE PURE FICTION

Stories permeate all of our activities and help us to relate with others, to comprehend the world, they teach us; even when we go to sleep, our brain keeps on telling them in the form of dreams, Either way, it’s difficult to conceive our daily life and being functional without them, and we want to share them at any moment but, to what extent what we tell is real?

What stories do we tell?

In her book Narrative Impact, the psychologist Melanie Green, an expert in narratives, says that there are three types of stories:

Official stories: stories from organized groups, like the ones that religions tell, for example.
Firsthand stories: The retelling of experiences we had.
Secondhand stories: The retelling of stories that had been told to us by others.

Several times, when we’re going to tell a Story, we turn to our mental experiences, our bank of memories. We search in our heads a Story from our repertoire, that applies to the situation we’re experimenting: solve a problem, give advice, entertain, etc.

So we story tell, without knowing that what we’re telling is what we think happened, because once we try to relive a memory, we’re never going to be able to tell it exactly

“It’s impossible to say a thing exactly the way it was, because what you say can never be exact, you always have to leave something out, there are too may parts, sides, crosscurrents, nuances; too many gestures, which could mean this or that, too many shapes which can never be fully described, too many flavors, in the air or on the tongue, half-colors, too many.”
– The Handmaid’s Tale–


If we look closely every time we tell a Story, it seems to wears away, and maybe those patches we put on them, serves to give them the coherence they need to catch the audience attention.

Nothing exists

In his book The Storytelling Animal, the academic Jonathan Gotschall, that studies the intersection between science and art, tells that the past does not exist, but is a fantasy that our mind creates. Gotschall explains that the past is a mental simulation because our memories are not precise accounts of what happened, but a reconstruction of that, so we cannot fully trust what we remember.

He also says that the memories of our senses are stored in different parts of the brain, so we recall bits of data from different mental areas, that are sent to that one in charge of creating stories. That area sticks those fragments together to try and shape a Story with some meaning of what could have happened, taking some poetic license.

“We tell some of the best stories to ourselves. Scientists have discovered
that the memories we use to form our own life stories are boldly fictionalized.”
—Jonathan Gotschall—